miércoles, 31 de marzo de 2021

VISITAS INESPERADAS EN IRUÑERRIA


Como norma general a quienes disfrutamos de la observación de bichos varios nos gusta alejarnos lo máximo posible de la civilización, quizá en busca de ese anhelado espíritu salvaje que se oculta tras inauditos paisajes, tan ajenos a nuestro día a día, también porque tenemos asumido que las especies mas extrañas, y por tanto mas ansiadas, se ocultan mas allá de los muros de hormigón, el ennegrecido humo y el griterío que conforman el ecosistema metropolitano. No obstante, a veces la naturaleza puede depararnos verdaderas sorpresas y los lugares a priori menos llamativos pueden resultar acogedores para especies que no ubicaríamos en ellos.

Esto debió pensar nuestro protagonista, un macho de cerceta carretona (Spatula querquedula) con un plumaje impoluto, que en su viaje migratorio anual desde sus cuarteles de invernada en Sudáfrica hasta sus zonas de cría ubicadas seguramente en algún humedal de Europa oriental, decidió descansar en nada mas y nada menos que en el lago de Sarriguren, un lago urbano (de aprox. unos 10.000m2) cimentado en su inmensa mayoría, ubicado en el centro de la localidad homónima perteneciente al área metropolitana de Iruña, una zona ni de lejos parecida a las zonas en las que suele aparecer, que son lagunas/humedales de gran extensión o zonas remansadas de grandes ríos.

Compartiendo espacio con otras especies presentes en el lago


El ejemplar fue observado por primera vez el pasado 26 de Marzo y la noticia se extendió como la pólvora, rápidamente pajarerxs de toda Iruña y de Nafarroa acudieron prestos a tan inusual cita, el animal no solo había decidido hacer fonda en una zona muy transitada si no que parecía apañárselas bien en ella, ya que se acercaba bastante a la gente en busca de pan y otras delicias con las que pudiesen deleitarle, lo que permitió hacerles muchas y muy buenas fotos ¡¡incluso tuvo su propia noticia en el diario de Navarra!! Si bien es cierto que la soberbia inaudita de este animal generó muchas dudas sobre su posible origen domestico, parece ser que la ausencia de anillas inclina la balanza a favor de su origen silvestre, tal vez se trate de un individuo habitante de zonas donde la sobreexplotación cinegética de la especie y la destrucción de su hábitat no hayan sido tan severas, o un ejemplar confiado de esos que a veces aparecen en las poblaciones.



Como viene a ser costumbre, la aparición de tan espectacular animal me pillo lejos de mi tierra por motivos de estudio, lo que me ha tenido en vilo toda la semana esperando a que el animal aguantase en la zona, finalmente ésta tarde he podido pasarme por allí y, pese a la muchedumbre que se reunía en torno a la laguna he logrado relocalizarla, ahí estaba nadando junto a otras especies de anátidas, acercándose a las familias que, cargadas con bolsas llenas de patatas fritas y demás "porquerías" no podían pasar por alto la deslumbrante belleza del pato de ceja blanca. Me he sentado en uno de los escalones y, tras varios amagos de acercarse hacia donde estaba, ha acabado pasando a poca distancia de donde me hallaba, dándome un espectáculo difícil de olvidar.

Sondeando el agua con el pico en busca de alimento


No he podido resistirme a realizar un reportaje fotográfico del resto de convecinos de la laguna como pueden ser los azulones (Anas platyrhynchos) cuyos fieros machos, vestidos con sus mejores galas, cortejaban a las hembras y expulsaban a cualquier intruso masculino que osase rondarlas, también las gallinetas (Gallinula chloropus) y las palomas bravías (Columba livia) patrullaban la zona, las primeras por agua y las segundas por tierra y aire, en busca de migajas que pudiesen pasar desapercibidas a los despistados patos. A destacar la presencia de un ejemplar solitario de azulón domestico, cosa que me ha hecho mucha ilusión puesto que las zonas urbanas de Iruña suelen estar llenas de razas domesticas o híbridos que amenazan la calidad genética de nuestros azulones urbanos.

Retratos de machos de azulón con plumaje nupcial
Gallineta en busca de comida
Pareja de azulones, los machos suelen "escoltar" a las hembras intentando aparearse y expulsando a todos los machos que se acerquen
Paloma rondándome en busca de comida
Azulón domestico, seguía al grupo de anátidas en busca de comida pero guardaba las distancias


Este caso abre la puerta un mundo de posibilidades, a una nueva forma de ver las zonas urbanas, en el vecino lago de Mendillorri se observo un ánsar careto (Anser albifrons) e incluso un pelicano, y recientemente han hecho de el su hogar una pequeña población de ratas de agua (Arvicola sapidus), un roedor amenazado, en otra laguna cercana crio hace un par de años una pareja de chorlitejo chico (Charadrius dubius) y son innumerables las especies que hacen de las zonas urbanas de Iruña y el rio Arga su hogar o zona de descanso a pesar de la presencia de especies invasoras o de verdaderos genocidios de flora y fauna que se realizan anualmente bajo la excusa de obras de mantenimiento como el reciente desbroce de los canales de las murallas, hogar de varias especies de anfibios. Evidentemente las zonas urbanas han mejorado mucho desde el pasado siglo y eso es innegable, pero todavía queda mucho por hacer, si se le deja mas espacio a los procesos naturales quizá este caso de la cerceta no sea tan atípico como nos creemos, quizá especies que ni pensamos podrían hacer de Iruñerria su nuevo hogar, en lugar de alejarnos todo lo posible de la urbe para encontrar lo salvaje, deberíamos atraer lo salvaje a ella, en la medida de lo posible.

y esto es todo, por el momento...











domingo, 19 de enero de 2020

DESENMASCARANDO AL "SEÑOR DE LAS AGUAS"







Una tarde cualquiera, en algún lugar del valle de Sakana (Navarra), paralelo al impresionante río Arakil, me encuentro atravesando el exuberante bosque que recubre éste rincón tan mágico del viejo reino, combinando una de mis mayores pasiones, el avistamiento de aves (o “pajareo”, como vulgarmente le conocemos algun@s) con otro tipo de observaciones. De pronto, tras fijarme mejor, entre la abundante vegetación de la orilla, justo frente a un meandro, se erige sobre el embarrado suelo un amasijo de ramas y hojas que, aunque de disposición azarosa en un principio, parecen tener un orden. Ya había visto aquel montón en otras ocasiones, siempre con la idea de que se trataba simplemente de un cumulo de materia que, tras ser arrastrada por las copiosas riadas, iba a parar allí, una de esas caprichosas formaciones que a veces tan generosamente nos regala la naturaleza. No obstante, ese día decido aproximarme hasta el montón para examinarlo más de cerca, algo no me cuadra, las ramas se encuentran colocadas sobre lo que parece un montículo de tierra, enlazadas entre si hasta varios cm sobre el agua, como si alguien las hubiese colocado a propósito, tras fijarme mejor, veo que muchas de las ramas presentan marcas o se encuentran completamente descortezadas. Sobre lo que parece ser la zona terminal de aquella extraña formación, una especie de “porche de palos” que se encuentra sobre el agua, observo lo que parece un camino, una zona despejada de ramas que acaba (o empieza, según se mire) en el agua, no cabe la menor duda, estoy ante una madriguera, pero ¿de quién?

La respuesta no tarda mucho en aparecer, en varios m alrededor del montículo encuentro una gran cantidad de marcas; prácticamente todos los árboles más cercanos al agua están “tocados”, algunos presentan descortezados en su base, otros están casi completamente roídos, temblorosos ante la acción del más tenue viento o apoyados en sus congéneres, en algunos sólo observo un tocón con una “punta de lápiz” donde antes debió haber un tronco y una frondosa copa, resintiéndose a morir y expulsando pequeños brotes epicórnicos que un día mutaran en nuevos y torcidos troncos, otros, los más suertudos, presentan una vieja cicatriz tapada por tenues capas de floema, prueba de que, quien fuera que fuese o lo que fuera que fuese su agresor, no ha vuelto a atacarlos nunca más. A lo largo de toda la zona, pequeñas pasarelas de tierra compactada emergen del agua a modo de “toboganes”. Éstos rastros no son algo ajeno a mi entendimiento, pues los veo en ésta zona prácticamente desde que me encuentro con el río hasta que lo dejo atrás, son la inconfundible obra de un autor que hizo de éste territorio su hogar hace ya casi 3 años, un castor.


  Detalle de la "txabola"






















Troncos roídos por castor

Sé lo que os estaréis preguntando “¿castores? ¿aquí?, pero serán exóticos ¿no?”, bueno pues sí y no. El castor europeo (Castor fiber) habitó todo el continente europeo y parte del asiático durante la prehistoria, incluida, claro está, la Península ibérica, en cuyos yacimientos aparecen varios restos fósiles de la especie. Se sabe que era cazado por su carne y su piel, pero no fue hasta la aparición de las armas de fuego y al descubrimiento de un líquido aceitoso ubicado en unas glándulas en la base de su cola, que el animal usa para impermeabilizar su cuerpo y que se conoce con el nombre de castóreo o castor oil, muy apreciado en farmacología, que fue perseguido y prácticamente esquilmado del continente salvo unos pequeños reductos aislados. Tras ver que la especie corría un grave peligro, la UE le otorgo el honor de “especie prioritaria” y muchos países se comprometieron a crear proyectos de reintroducción de la especie, hasta tal punto que a día de hoy el roedor anfibio ha ocupado gran parte del territorio perdido. ¿Y cómo nos afecta esto en la Península? No se sabe a ciencia cierta cuando ni que fue la causa de su extinción en nuestro territorio, algunos apuntan a que fue de manera natural ya en la prehistoria, otros lo datan en la época de los romanos, otros en el siglo XVII e incluso hay quienes dicen que pudo haber castores hasta el siglo XIX. La realidad es que, debido a la condición de España como gran vía comercial de productos procedentes de amplios lugares, no se sabe a ciencia cierta si, tanto los restos como las menciones de la especie en nuestro territorio se deben a ejemplares locales o a pieles y otros restos procedentes de zonas de Europa donde si está constatada su presencia. La cuestión es que los gobernantes Hispanos no se prestaron a su reintroducción, seguramente porque no querrían que un animal eminentemente lignofago (se alimenta de corteza) campase por sus orillas, pobladas por uniformes choperas y huertos frutales, sustituyendo al rico e importante bosque de ribera o soto, hogar de multitud de especies, y hábitat por excelencia del castor. Pero en 2003 un grupo ecologista radical (Pays des castors) decidió dar el paso por España y libero 18 ejemplares procedentes de Baviera en el río Aragón, en la frontera entre la comunidad homónima y Navarra (hoy sabemos que tenían pensados más “golpes” en otros puntos de la Península) sin controles sanitarios ni permisos de ningún tipo, al más puro estilo francés*, con una variabilidad genética tal, que permitió que la especie se expandiese por todo el Ebro y sus afluentes hasta conquistar prácticamente toda Navarra, Aragón y La Rioja (hoy en día también se encuentran por Araba y están empezando a conquistar otros afluentes). La respuesta inmediata de las CCAA fue considerarla especie exótica invasora y procedieron a su captura y posterior erradicación, no obstante, debido a una acuciante crisis que imposibilitó campañas de erradicación efectivas y duraderas, y a la forma de dispersión de los juveniles, que, en lugar de ocupar el territorio de manera paulatina, efectúan largos viajes siguiendo el curso del río alejándose varios km del núcleo original, lo que le permite ocupar grandes extensiones de terreno, fue imposible detener su expansión. Para colmo la UE obligo a España a catalogarlo como especie protegida (recordemos que en Europa es “especie prioritaria) y las CCAA cesaron en su intento de convertirse en uno de los pocos países en extinguir dos veces una misma especie.


Juvenil de castor en el río Arga, Pamplona


La situación a día de hoy es desconocida, el castor sigue presente y expandiéndose allí donde le dejan, pero no sabemos ni cuantos hay, ni cuál es su impacto en el ecosistema, ni parece que haya mucho empeño en averiguarlo. Más bien el castor a “posicionado” a todo el mundo de la ecología de forma que no ha dejado indiferente nadie; Los hay quienes lo consideran autóctono, que su extinción fue obra nuestra y que, si bien el procedimiento fue chapucero y arriesgado, su reintroducción es un regalo y debemos conservarlo como tal, otros en cambio lo catalogan de exótico y piden a gritos su exterminio, mientras que unos últimos afirman que el castor no tiene cabida en nuestro territorio, al menos por el momento, pues el bosque de ribera, su hábitat por antonomasia, y el ecosistema fluvial en su conjunto, se encuentra gravemente amenazado, fragmentado y deteriorado, y en lugar de favorecerlo y mejorarlo, como se ha comprobado que hace de manera muy efectiva en otras zonas de Europa, quizá haga el efecto contrario. Parece ser que Navarra tiene pensado elaborar un estudio de impacto ambiental (menos es nada) de la especie en el territorio, así que confiemos en que el estudio saque algo en claro.
Castor alimentándose de una rama en el río Arga, Pamplona

Mismo ejemplar nadando



Y toda ésta odisea nos trae de vuelta al meandro, dónde me encuentro admirando aquella “oda a la madera” que se alza frente a mí, ¿Qué es exactamente? Aunque, cada vez que la palabra “castor” ronda nuestra mente pensemos en grandes y magnificas presas (más propias de su homologo americano Castor canadensis) lo cierto es que esos diques solo los construyen en pequeños ríos de montaña o temporales, para evitar quedarse sin agua (donde se ha demostrado que benefician a multitud de especies, como al visón europeo y a los alevines de peces) pues el castor es un “ingeniero” del ecosistema como nosotros, modifica su entorno para su beneficio propio, lo normal es que en ríos de buen tamaño ocupen madrigueras de nutria o, como en nuestro caso, construyan una especie de “txabola” con entrada subacuática a orillas del rio, con materiales obtenidos mediante la corta con sus poderosos incisivos o recogidos del cauce (quedando patente su labor de limpieza de los cauces, al eliminar de éste material acumulable por riadas).

Así pues, no veo momento para ir a casa y coger mi cámara de foto trampeo, para colocarla en aquel lugar en cuanto tuviese una oportunidad de volver. Dicha oportunidad se presentó la tarde del 29 de diciembre, cuando me acerco al lugar, colocando la cámara en un árbol cercano, justo en frente de la pasarela que pasa por encima de la “txabola”, con la esperanza de grabar algo, ¡¡y vaya si grabó!!

Prácticamente todas las noches durante todo el tiempo que estuvo colocada (del 29 de dic. Al 03 de enero) el “señor de las aguas” hizo trabajar a la pobre cámara como nunca lo había hecho. Empieza su “jornada laboral” sobre las 19:44 de la tarde, subiendo por la rampa (rara vez baja, así que supongo que utilizara otra distinta) en intervalos de unos 2-5 mins. De media y con máximas de unos 20-35mins. (seguramente para descansar, alimentarse o por algún tipo de alerta) y aporta todo tipo de material destinado a acondicionar su “casa” y a la alimentación. El material empleado va desde grandes pelotas de hojarasca y ramitas, que el animal sujeta con sus extremidades delanteras y su boca, lo cual le obliga a caminar adoptando una postura bípeda muy curiosa, hasta ramas mucho más grandes que él, que sube pesadamente por la rampa. A parte de la atareada vida de éste animal no he logrado sacar nada más en claro, de hecho, me he formulado más preguntas que respuestas ¿Qué porcentaje del material es destinado a la construcción y cuanto a la alimentación? ¿Qué especies son las más empleadas? ¿soportara el medio una extracción tan grande y continua? Y la que más me intriga ¿es un individuo solitario o hay más? Las imágenes muestran a un individuo, pero eso no significa nada ¿se turnarán? ¿mientras uno aporta material el otro (o los otros) derriban arboles? Seguramente vuelva a la carga en febrero, que es cuando empieza el celo en esta especie, para ver si consigo despejar algunas incógnitas, por el momento y mientras se discute su posible autoctonía, solo queda disfrutar, lo que se pueda, de tan fantástica especie.


                                         




Acondicionando las ramas



Llevando las "pelotas" con su característico andar bípedo


Arrastrando ramas



Como extra también adjunto vídeos de dos especies que podrían haberse visto beneficiadas por la construcción del roedor; En el primer vídeo podemos ver a un ratón sin identificar (¿un Apodemus sylvaticus?) que escudriña entre las ramas en busca de alimento, y una garza real (Ardea cinerea) madrugadora que utiliza la construcción como atalaya para sorprender a los peces.

Garza acechando peces























*Según la lógica francesa, para que una reintroducción sea efectiva se deben liberar mínimo 18 ejemplares, para el caso del castor, 6 núcleos familiares de dos adultos y una cría.

















viernes, 11 de octubre de 2019

EXPEDICIÓN MARINA CON VERBALLENAS

El pasado Domingo 29 de Septiembre me embarqué en un viaje increíble con el equipo de Verballenas a las aguas del Golfo de Vizcaya para observar cetáceos, aves marinas y cualquier cosa que se dignara a aparecer por allí, fue nada mas y nada menos que mi primera incursión en el gran azul, y la experiencia fue más que gratificante. Salimos sobre las 5:30 de la mañana para estar a las 8:00 en el puerto de Bermeo (Vizcaya) dónde nos esperaban el equipo, entre los que destaco a nuestro guía Gorka Ocio, el hombre que nos desentrañaría y nos haría comprender mejor los secretos del mar, una veintena de personas, un equipo de filmación que estaba grabando un documental sobre la fauna de Euskal Herria y el "Hegaluze", el barco sobre el cual exploraríamos las oscuras y frías aguas del Cantábrico. Nada más llegar nos recibieron algunas aves costeras, como las omnipresentes gaviotas patiamarillas (Larus michahellis), algún que otro martín pescador (Alcedo athis) raudo entre las boyas y las embarcaciones, y los graciosos vuelvepiedras (Arenaria interpres) unas pequeñas aves limícolas migratorias que vienen a pasar el duro Invierno Polar a nuestras latitudes, dónde parecen haber adquirido las "malas" costumbres de los gorriones y las palomas al ir junto a éstos entre coches y la gente en busca de cualquier desperdicio que encuentren.
                                          Vuelvepiedras en busca de migas y otros deshechos por el puerto
                                         de Bermeo

Tras confirmar asistencia y una breve charla sobre lo que podríamos ver (o no) y como comportarse en el barco, sobre todo dirigido a los que no pudimos asistir al seminario celebrado un día antes, finalmente partimos. No llevábamos mucho en el agua cuando, con el puerto de Bermeo todavía cerca y la isla de Izaro en proa, interceptamos un grupo de unos 100 delfines comunes (Delphinus delphis) que iban dirección a la isla y que no dudaron en jugar con el barco un poco, irrumpiendo en cualquier parte de éste y desapareciendo sin más, ¡¡menuda gozada!!

                                          Delfines saltando dirección al barco


                                          Aleta emergente con la costa de fondo


Tras dejar atrás a los juguetones delfines y pasando la plataforma petrolífera comenzaron a aparecer las aves marinas, muy abundantes las gaviotas patiamarillas, sobre todo inmaduras, pero también había sombrías (Larus fuscus), algún gavión atlántico (L.marinus) y otras aves más pelágicas cómo alcatraces (Morus bassanus) de todas las edades y el primer bimbo, pardelas sombrías (Puffinus griseus) que serían muy abundantes durante todo el viaje. Algunos vieron también otras especies de pardelas amén de otras aves pero yo no llegue a observarlas.   
                                  

                                           Juvenil de alcatraz sobrevolando el barco

                                         Secuencia de vuelo de pardela sombría, especie muy abundante                                                       durante el viaje









                                         La costa vasca vista desde uno de los lados del "Hegaluze"

                                          "Popurrí" de aves marinas alimentandose

Por desgracia era también muy abundante la "basuraleza", prueba de ello estaba en los múltiples plásticos, botellas, globos, cajas etc que se veían a ambos lados del barco, plásticos que, de no ser recogidos o ingeridos por algún animal, se hundirán y se fragmentarán convirtiéndose en micro y nano-plásticos, dónde pasarán a formar parte de la cadena alimenticia, llegando de vuelta a nosotros.


                                          Una caja y un globo de R2D2 (El famoso robot de la saga "StarWars")
                                          flotando a la deriva, ambos fueron rápidamente extraídos del mar por                                            el equipo de Verballenas


Atravesamos diferentes fosas de profundidad cada vez mayor dónde no tardaron en aparecer más cetáceos, concretamente varios grupitos de ballenas picudas o ballenatos de cuvier (Ziphius cavirostris) que realizaban pequeñas inmersiones de unos 20 mins adecuando su cuerpo a la presión del agua antes de realizar una grande de hasta 1h  en la cual bajan a gran profundidad ya que, y tal cómo nos explicaría Gorka, éstos fantásticos animales pasan gran parte del día en las profundidades del gran azul, alimentándose.

Intentamos realizar varios acercamientos pues los ejemplares estaban muy lejos, pero se sumergían antes de que llegásemos, pues son animales muy reservados y esquivos, no en vano, gran parte de la vida de éstos sigue siendo un misterio a día de hoy. No obstante y para pasar el mal trago, el mar nos hizo un estupendo regalo, un pequeño grupo de peces luna (Mola mola) yacía junto a un grupo de gaviotas (la mayoría patiamarillas) a la espera de que las aves los desparasitasen, para ello se ponían de medio lado frente a ellas para que éstas les picoteasen, al vernos, las aves salieron volando y los simpáticos peces se guarecieron del ardiente sol a la sombra de nuestro barco, curioseando sin parar.



                                          Asomándose timidamente
                                         
                                          Detalle de las enormes aletas caudales que caracterizan a éstos peces


                                          Aunque habíamos visto ejemplares esporádicos saltando a lo lejos
                                          la curiosidad respecto al barco de éste grupo me permitió                                                                  fotografiarlos y admirarlos más de cerca


También entró en escena un precioso adulto de págalo pomarino (Stercorarius pomarinus) que acosó un rato a las gaviotas y se perdió en la inmensidad del Oceano.

                                          Pomarino acosando a los inmaduros de gaviota patiamarilla

                                          Retirada

Internándonos en la zona más profunda en la que estuvimos (unos 3.000m de profundidad), ésta vez si, al fin apareció a una distancia más que razonable una gigantesca hembra de ballena picuda de Cuvier que nos dejó a todos boquiabiertos, según Gorka debía medir entre 8-9m de largo y unas 5 toneladas, casi nada.

                                          Gigantesca hembra de Zifio o ballenato de Cuvier


                                          El dron de los productores del documental regresando al barco
                                          tras obtener imágenes aéreas del animal
         
                                          Pareja adulta de alcatraz pasando cerca de la proa,
                                          ave muy abundante en todo el viaje

En aquella plataforma también nos aguardaban muchas sorpresas, cómo los espectaculares saltos de atunes rojos (Thunnus thynnus) y atún blanco o bonito del Norte (Thunnus alalunga) alimentándose, o una pareja de págalos grandes (Stercorarius skua) acosando a una pardela sombría, además de las ya citadas gaviotas, alcatraces y pardelas, y pequeños seres cómo medusas y cefalópodos diminutos que se veián desde la proa.

                                          Salpicaduras provocadas por atunes rojos al alimentarse


                                          Pardela sombría remontando el vuelo tras el ataque de los págalos                                                  grandes

                                           Pareja de pardela sombría descansando en el agua



                                          Juvenil de alcatraz

Ya de vuelta rumbo al puerto descubrimos una tétrica escena, sobre el agua, semi sumergido y boca abajo, yacía inerte un juvenil del año de Alcatraz atlántico, Gorka especulaba con que podría haber sido por un palangre, un arte de pesca en cuyos anzuelos caen alcatraces, gaviotas, pardelas y otro tipo de aves marinas con relativa frecuencia, seguramente el ave muriera en el anzuelo y los pescadores lo arrojaran al mar tras descubrirlo.

                                          Cadáver de un alcatraz juvenil con evidentes heridas en el cuello

                                         Adulto de la misma especie a ras del agua

                                          Plataforma petrolífera

Pero la guinda del pastel, el "espectáculo" final lo dio una familia de unos 80 delfines comunes acompañados de crías muy jóvenes que, a pesar del recelo de sus madres, que se interponían entre ellas y el barco, no dejaban de saltar y acercarse a curiosear. Se escuchaban perfectamente los chasquidos y vocalizaciones de los delfines, que no dejaban de acariciarse y reproducirse mientras seguían al barco entre saltos y carreras, ¡¡eso si que es vida!!, estuvieron acompañándonos un tiempo hasta que finalmente siguieron su camino y nosotros el nuestro.
                                          Delfines "cargando" contra el barco


                                          Pequeñajo junto a adultos




                                          Jugando en la proa





                                          Enano saludando mientras lo escolta su protectora madre




Y así finalizó el día, tan fascinante cómo empezó, me despedí del equipo, de Bermeo y sobretodo me despedí de las aguas del Golfo de Vizcaya, con la promesa de regresar, espero que pronto.